Educación en La Araucanía: logros, brechas y perspectivas

Un alto nivel de ruralidad, y un proceso de transición administrativa que aún no ha terminado,  cuyas primeras experiencias han sido de aciertos y reveses. Estas son dos condiciones –y grandes desafíos– que enfrenta la educación en la región de La Araucanía.

Para describir y analizar la situación de la educación en nuestra zona, primero hagamos una revisión de sus grandes cifras e indicadores. La última radiografía sobre los establecimientos educacionales de la región, publicada por el Centro de Estudios del Mineduc a través de su Directorio Oficial de Establecimientos, indica que las escuelas, colegios y liceos en La Araucanía son: 595 particulares subvencionados; 398 municipales; 76 pertenecientes al Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Costa Araucanía; 15 particulares pagados, y 4 bajo el sistema de administración delegada de corporaciones, con liceos técnicos específicos administrados por corporaciones privadas. Naturalmente, estos números son dinámicos y evolucionan de forma continua.

En términos de escolarización y deserción, se puede hablar de una proporción –muy baja– de niños, niñas y adolescentes de comunidades de difícil acceso geográfico que nunca ingresan al sistema educativo, o cuya matrícula se diluye por la inaccesibilidad de los territorios; con todo, la Araucanía registra una cobertura muy alta –alrededor del 98,5 a 99%– de niños matriculados formalmente en los tramos que son obligatorios por mandato constitucional. Estas cifras, y las demás aquí expuestas, no comprenden la educación preescolar.

Asimismo, y si bien se conocieron alarmantes noticias sobre deserción escolar en el país a causa de la pandemia, en La Araucanía hemos consolidado una de las cifras más bajas en la materia: alrededor del 0,99% de los estudiantes en nivel escolar dejan sus estudios, bajo el promedio nacional de 1,57% (cifras del Mineduc).

También es importante consignar los desafíos de la región en cobertura educativa: de sus cerca de 1.100 establecimientos , alrededor de 580 son escuelas rurales, alrededor de un 18,5% de todas las escuelas rurales de Chile. Ello implica antiguos y persistentes problemas en términos de transporte, infraestructura y mejoramiento, debido al aislamiento que las caracteriza; muchas son también escuelas en riesgo constante de desaparecer por baja matrícula estructural.

De esta manera, la cobertura en términos cuantitativos se debate entre dos realidades, porque en términos numéricos, en la región no faltan escuelas. Pero una realidad es la rural, donde muchas están quedando vacías y cierran por baja matrícula; y otra son las crisis de cupos que se forman en zonas urbanas, como Pucón, Villarrica o Temuco, porque con el sistema SAE, las familias postulan masivamente a pocos establecimientos que se llevan las preferencias, según el orden de prioridad que colocan. Si bien el Mineduc dice que hay cupos suficientes en cada comuna, muchos de ellos están en escuelas periféricas o rurales, que no resultan prácticas para muchas familias. Otra historia es el déficit histórico en la educación parvularia –donde sí existe un déficit, sobre todo en salas cuna–.

Finalmente, y en términos de educación superior, la cobertura es importante y existen opciones públicas y privadas tradicionales (Universidad de La Frontera, Universidad Católica de Temuco, Universidad Arturo Prat, Pontificia Universidad Católica de Chile) así como privadas (Universidad Mayor, Universidad Autónoma de Chile, Universidad Santo Tomás). Sin embargo, la oferta es altamente urbana, y presente sólo en las ciudades más grandes (Temuco, Angol, Victoria, Villarrica).

Entramado educacional y un nuevo actor: los SLEP

Como es sabido, pero a modo de contextualización previa, en La Araucanía –como en el resto del país– conviven los distintos modelos históricos de establecimientos: municipales, particulares subvencionados y particulares pagados. Los dos primeros, que se financian con una subvención estatal regular, de acuerdo a la asistencia diaria de alumnos; en el caso de los segundos, se añade (o no, según el establecimiento) un copago de las familias. Y en el último caso, se trata de un modelo totalmente financiado a través las matrículas y mensualidades que ellas aportan.

Sin embargo, el paradigma de la administración de los establecimientos públicos está cambiando: la Ley 21.040 creó los Servicios Locales de Educación Pública (en adelante, SLEP), órganos estatales descentralizados y especializados que están absorbiendo la administración de las escuelas, sacándolas de los municipios. Los SLEP se financian por la subvención regular antes descrita, más aportes directos del presupuesto nacional. En nuestra región el único SLEP en pleno funcionamiento es el Costa Araucanía, que agrupa a los establecimientos ex municipales de Carahue, Nueva Imperial, Saavedra, Toltén o Teodoro Schmidt.

Este nuevo sistema, sin embargo, ha despertado álgidos debates. Lo positivo es que efectivamente nivela la cancha, porque la calidad de la educación pública hasta ahora dependía de si un municipio es rico o pobre. Además, ha propiciado que la educación pública dependa de un órgano con foco totalmente pedagógico, liderada por directores escogidos por ADP; y no de un municipio, donde puede ser una carga –entre tantos roles y obligaciones que tiene una administración comunal–.

A contramano, los colegios traspasados a SLEP en nuestra región se han encontrado con problemas que tienen enormes espacios de mejora. Ya no es el municipio el que acude, con facilidad, a reparar una cañería rota; el director de un establecimiento debe elevar un requerimiento al SLEP, donde un mínimo trámite pasa por el portal de Mercado Público y espera una licitación. No son pocos los municipios que también entregaron sus colegios con deudas previsionales o de servicios básicos; brechas que los SLEP han debido enfrentar, antes que priorizar mejoras. Todo, en un escenario de notable reducción presupuestaria que realizó el Gobierno actual.

En La Araucanía, deben formarse un total de 5 servicios locales para cubrir las 32 comunas de la región. Sin embargo, y a pesar de existir una programación para la instalación de los demás organismos en Malleco Costa, Malleco Cordillera, Cautín Norte y Cautín Sur, fuentes del sector reconocen que el proceso “está muy retrasado”.

Inversión

Desde hace ya varios años, la inversión en Educación en La Araucanía se focaliza en tres pilares: una para el gasto operacional del sistema –en base a la subvención estatal regular por asistencia diaria, o por Subvención Escolar Preferencial, a lo que se suman los aportes vía Ley de Presupuestos que está recibiendo el sistema de SLEP–; el segundo son los aportes para infraestructura de emergencia o mejoramiento, y el tercero, beneficios estudiantiles de apoyo directo.

Si ya entendemos cómo funciona el primer pilar, cabe señalar que –según el Mineduc– el Estado transfiere para ello un piso de entre 280 mil y 310 mil millones anuales a la región por la subvención regular base; y entre 75 mil y 90 mil millones en Subvención Escolar Preferencial por vulnerabilidad.

Respecto del segundo –infraestructura y mantención– el Mineduc inyecta entre 8 mil y 12 mil millones anuales por el Fondo de Conservación y Emergencia de Infraestructura (para las convocatorias anuales), y entre 15 mil y 18 mil millones directamente a los DAEM y al SLEP por el Fondo de Apoyo a la Educación Pública. Se han inyectado recursos directamente a comunas rurales, para proyectos de conservación; trabajos como reparación de techumbres, mejora de sistemas de calefacción, instalación de aislamiento térmico o habilitación de cocinas y comedores son comunes.

Respecto del tercer pilar, los beneficios estudiantiles corresponden principalmente a asistencia y alimentación a través de Junaeb. La inversión de Junaeb es masiva, dada la realidad socioeconómica de La Araucanía: anualmente, invierte un piso de al menos 114 mil millones de pesos entre alimentación regular, becas de mantención, tecnologías para estudiantes de zonas rezagadas e incluso el Programa de Servicios Médicos Junaeb (salud visual, auditiva y de columna para alumnos).

¿Qué hacer para mejorar la educación en La Araucanía?

Con todo, es útil y necesario instalar algunas ideas para abordar los desafíos que enfrenta el sistema educativo en La Araucanía. En primer lugar, es necesario propender a la estabilización financiera y administrativa de los SLEP y avanzar en su instalación, buscando mecanismos para asegurar que los municipios no hereden lastres a los nuevos organismos. La idea es que los SLEP puedan de inmediato cumplir su función, y no tengan que ocupar años en estabilizar la situación de los establecimientos que reciben.

Otra buena idea es fortalecer y orientar la educación técnico profesional hacia el desarrollo sostenible de comunas rezagadas, en áreas como el turismo multicultural, la conectividad digital o la tecnificación agrícola, entre otras disciplinas de utilidad para el desarrollo regional.

Finalmente, es necesario hacer esfuerzos mucho mayores en términos de conectividad y transporte escolar rural, de manera de enfrentar la deserción y el ausentismo que todavía persisten.

Francisco Huenchumilla Jaramillo
Senador